MORADA 46

anticuario . miraflores / lima

AVISO: ESTA MORADA NO ES APTA PARA MINIMALISTAS.

Desde pequeño a Jorge le gustaba coleccionar objetos. Fue hace treinta y cinco años que comenzó su labor como anticuario, sin tomárselo muy en serio, lo hizo además a escondidas de su padre. En el año 1984 fue invitado por un amigo para vender en la rotonda del parque Kennedy en Miraflores, en ese momento estaba haciendo prácticas en un banco y todavía estudiaba en la universidad. Pronto aprendió las artes del negocio, por ejemplo que para comprar una cosa que te gusta, tenías que vender otra. Luego se asoció con otro amigo y tuvieron una tienda de antigüedades en la Avenida Conquistadores, que fue un ícono por más de 20 años. Al paso del tiempo se separa de su socio, pero continúa en el negocio. Durante la pandemia tuvo que dejar la tienda que consideraba como su casa, sin embargo rápidamente se ha embarcado en un nuevo comienzo. Acaba de inaugurar un nuevo espacio, que atiende a puerta cerrada.

Jorge me comenta que se siente feliz por dos cosas principales: una es la libertad de no tener un jefe y la otra, que su trabajo es también su hobby, con el plus de que vive rodeado de objetos que le divierten y le gustan.

Aclara que conforme va pasando el tiempo también cambian los gustos del mercado. Él dice: “Para mí sería muy fácil tener la casa con porcelanas de Sevres, objetos dorados, relojes, juegos de vajilla, etc. pero ya no me siento cómodo con ellos, primeramente porque es un mercado cero, ya nadie los quiere. El mercado ha evolucionado de tal forma que la gente se ha simplificado en todo. Todo va cambiando y también ha sido difícil adaptarme y entender que las cosas de los años cincuenta son lo que se venden ahora. Como el murano o los muebles ligeros con patitas en punta tipo escandinavo”.  Por otro lado, se acaba de asociar con una amiga decoradora para tener un espacio en Neo Concept Storese encuentra en Barranco, donde venderá este tipo de piezas que son tendencia.

Piensa que ahora debe comprar piezas de los años setentas, y todavía le cuesta entenderlo, pero lo tiene clarísimo y dice: “Es más importante no la antigüedad de la pieza, sino que tenga un buen diseño, porque los objetos que tienen un buen diseño van a perdurar”.

“Vintage en castellano significa clásico, ¿pero qué es en realidad un diseño clásico? en mi forma de pensar lo Vintage es una antigüedad a futuro, porque no puedes llamar antiguo a una pieza de los años cincuenta. Podríamos hablar de cosas antiguas y cosas post segunda guerra mundial. Para mi Vintage es cualquier objeto después de la segunda guerra mundial, es mi manera de enfocarlo. Pienso que alguna pieza de Philippe Starck, de aquí a veinte o treinta años posiblemente será Vintage porque sus piezas tienen diseño.”

Jorge afirma que hay piezas que no son agradables al ojo y nunca lo serán pero si logras una composición de ellas en conjunto se ven bonitas. Da como ejemplo la pared de su estudio llena de piezas kitsch.

El ser anticuario le encanta pero lo que más le gusta es que aprende todos los días, cada día aparece una pieza y estudiarla le fascina. Es importante para él saber lo que tiene, el conocimiento de la pieza, porque obviamente eso influye en su valor; si no está seguro de algo es muy sincero y se lo dice a su cliente. Recalca que en todos los años que lleva en el rubro lo que tiene es “palabra” digamos que para vender una pieza que tiene un retoque, el advierte al cliente. En el momento de comprar es muy complicado que le vendan “gato por liebre” porque sabe intuir cuando un objeto es original; dice que su ojo con los años está muy bien entrenado y cuando hay una venta sabe exactamente que quiere, se jacta de ser un extraordinario comprador pero no buen vendedor.  A Jorge le apasiona rescatar piezas que pasaron al olvido por años, recuperarlas y ponerlas en un buen contexto, a veces objetos que no fueron hechos con fines decorativos, como un juguete o un artículo de cocina y ahora pueden ser parte de una sala, es grato verlo porque te remonta a una época o lugar de la historia.

Considera que antes su estilo era más recargado, ahora lo sigue siendo pero dice que encontró un equilibrio, en su departamento pervive el anticuario con un horror al vacío, con objetos que le divierten y además cada uno de ellos con su historia; cómo llegó, si lo trajo de un viaje, o también algunos fueron regalados o desviados del camino porque iban a terminar en la basura. Además reconoce que se hizo de cosas que luego acabaron en cajas y pasaron a otra persona porque se sintió abrumado viendo tantos cachibaches. Él es muy sincero consigo mismo y dice que es un acumulador, y le gusta serlo. Mientras me enseña todos los espacios de su tienda y luego de su departamento, no dejo de descubrir cosas por todos lados, puedo merodear por sus rincones encontrar algo que me llame la atención. Jorge de pronto me enseña cosas que tiene en un cajón, luego abre un armario y no hay nada vacío, todo está repleto de cosas que me dejan boquiabierta; en el baño tiene unos letreros en latón colocados en toda una pared. Mucha información para muchos, pero eso sí, exquisito gusto de anticuario experimentado.

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